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Histórico: Agosto, 2010
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II Declaración de Principios.

El espejo

El espejo donde nos miramos refleja la imagen de los pueblos originarios, constructores de civilizaciones de primer orden. Mesoamérica es la cuna de los Antiguos, nuestros ancestros. El mundo prehispánico en gran medida se colapsó en 1521 con la caída de Tenochtitlan. Entonces surgió la Nueva España y con ella, un sistema colonial y de dominio, que desde entonces extrae los recursos naturales para el beneficio de intereses foráneos. 

Después de casi tres siglos de tener el estatuto jurídico de un reino vasallo de la Corona Española, los anhelos libertarios encontraron expresión en las ideas del Lic. Francisco Primo de Verdad, y luego en el puñado de patriotas reunidos en Querétaro bajo los auspicios de Doña Josefa Ortiz de Domínguez. 


El espejo donde miramos nos devuelve al pueblo en armas que sigue a Don Miguel Hidalgo y Costilla después de dar el Grito en Dolores, Guanajuato. Nos reflejamos en aquellos hombres y mujeres que forjaron el sueño de construir una nueva nación: Leona Vicario, Ignacio Allende, Juan Aldama, José María Morelos, Ignacio Rayón y la Junta Gubernativa de Zitácuaro. Nos reflejamos en los hermanos Galeana, Pedro Moreno, Mariano Abasolo, Francisco Javier Mina, Vicente Guerrero, Juan Álvarez y los miles de patriotas cuyos nombres se han perdido y que murieron en la Guerra de Independencia.

Vemos con admiración el ejemplo de los defensores de México que en 1847 lucharon contra la invasión norteamericana. 


Abrazamos con entusiasmo la causa de la Revolución de Ayutla; nos enorgullece la proclamación de la Constitución de 1857 y la extraordinaria generación de liberales que derrotaron a la reacción conservadora en la Guerra de Reforma. Seguimos al Presidente Benito Juárez García, en su lucha incansable contra el Imperio de Maximiliano de Habsburgo hasta la Restauración definitiva de la República en 1867. Sufrimos la explotación de la dictadura porfirista de más de 30 años. El espejo nos muestra el ideario magonista, las huelgas obreras de Río Blanco y Cananea y el surgimiento de los clubes anti-reeleccionistas.  Nos reflejamos nítidamente en el Plan de San Luis proclamado por Francisco I. Madero.


La Revolución de 1910 demuestra la voluntad de nuestro pueblo por construir un régimen de libertades y alcanzar la justicia social. Por ello nos reconocemos en el legado histórico de Carmen, Máximo y Aquiles Serdán, Emiliano Zapata, Otilio Montaño, Francisco Villa, Felipe Ángeles, Belisario Domínguez, Venustiano Carranza, Francisco J. Mújica, Úrsulo Galván, Felipe Carrillo Puerto y Lázaro Cárdenas del Río. La lucha de los mexicanos no se ha detenido, prueba de ello son los movimientos en el siglo XX de mineros, ferrocarrileros, maestros, médicos y enfermeras; la incesante búsqueda de igualdad social para las mujeres y su derecho al sufragio; la irrupción de estudiantes y maestros de 1968 en pos de Libertades Democráticas, los movimientos por acabar la discriminación contra los grupos lésbicos, gay y transgénero, las justas reivindicaciones de los pueblos originarios, y ahora, en los albores del Siglo XXI, la construcción de la IV República a través de la Convención Nacional Democrática y el Gobierno Legítimo de México. Todas estas luchas son nuestra guía, el espejo donde miramos la historia, donde abrevamos para conocer nuestras obligaciones, en ellas basamos nuestros Principios.